Los Besos que me siguen ♥

10 de febrero de 2009

A mi manera

No sé bien cuándo comenzó todo esto. No sé cuándo decidí que nadie nunca me llamaría así. No sé cuándo percibí en mí misma una capacidad inmensa de aguantar a tal grado que nada más importe que el sólo hecho de verme al espejo con todas mis cositas donde deben estar.

Yo lo sé. Hay gente que dice que esto nunca debió pasar, que la vida es mucho más que este temor inagotable. Es más, han sido varias las personas que me han dicho, de alguna u otra manera, que ya no soy la misma de antes, que algo me ha pasado en el largo camino hacia mi destino.

Y sí, gracias a Dios ya no soy la misma. Nunca fui, ni siquiera podían llamarme así del todo, pero sí, el sólo hecho de pasar mis propios límites me torturaba. Por eso comencé con mi interminable estrategia para mantenerme: Decirle siempre que no, sólo de vez en cuando, la mayoría de las veces cuando fuera socialmente inevitable. Y es que aunque ahora esté aquí, exponiendo mi caso en este blog, debo decir que sostengo firmemente la idea de que el ser humano hoy en día lo hace predominantemente para sociabilizar, para tener un motivo de reunión con aquellos individuos que muchas veces no tienen nada en común con nosotros más que eso. Y eso pasa siempre, aunque no en todos los casos, pero nos pasa a todos.

Simple y sencillamente ¿Quién no ha tenido que asistir y hacerlo sólo para quedar bien con el anfitrión? Yo lo he hecho muchas veces,y que se sepa que minutos más tarde la culpa hará presa de mí y quizás, sólo quizás, quiera devolver todo eso. Por ejemplo, hay quienes en la oficina, en su casa, la utilizan como único remedio para distraerse del aburrimiento que les provocan las labores cotidianas. Esto es casi un paradigma: si yo lo hago, luego entonces tú también tienes que hacerlo (no vaya a ser yo la única o, lo que es peor, la más gorda de todas).

Y lo reconozco: para mantenerme he hecho todo lo que usted se imaginó y pueda imaginarse y únicamente estoy aquí para decirlo, porque no me arrepiento, es más creo que lo volvería a hacer si creo que ellos están alterando mi delgada existencia.

Yo ya no me fío de lo que diga nadie. Y yo sólo digo: no cabe duda de que es un asunto de moda (hellooooo!) y entonces no hay más que dos opciones: pretender subir un poco para estar acorde a los tiempos o esperar a que todo vuelva a la normalidad y el esqueleto rife por sobre todas las cosas. Después de todo seguimos aquí, vivas, respirando el aire que una sociedad nos ha entregado con todas sus bendiciones y vicios. Y contra eso a veces no se puede luchar.

Cada día me doy cuenta de que este camino que me he empeñado en recorrer en mi vida no es tan fácil como esperaba o como, tal vez, hubiera deseado. A veces dudo, a veces me asusto, a veces me arrepiento, a veces quiero retroceder o, incluso, desertar. Pero, entonces, me doy cuenta de que, poco a poco, he ido consiguiendo algunas cosas que hace que este duro camino merezca la pena. Aunque a veces dude o me asuste, aunque a veces sienta un impulso que me obliga a retroceder, he ganado pequeñas cosas en mi vida que antes no significaban nada para mí pero que ahora son una parte muy importante de este pequeño triunfo.

Publicar un comentario